LA CASA DORADA DE SAMARKANDA (1980)

Textos y dibujos de Hugo Pratt
(colaboración gráfica de Guido Fuga para los automóviles y la ametralladora)

Relato autónomo de 139 planchas publicada por entregas en la revista francesa (À suivre) a partir del n.º 31/32 (número doble, agosto / septiembre 1980), ediciones Casterman.

En un manuscrito de Lord Byron, escondido en la cúpula de la mezquita del Plátano de la isla de Rodas, arranca esta larga aventura, situada en los años 1921-22, aunque la acción se traslada luego a Turquía, Azerbaiyán y el Mar Caspio, recorriendo parte de la legendaria Ruta de la Seda. Corto Maltés está tras la pista del legendario tesoro de Alejandro Magno (que solo logrará entrever) y tiene que vérselas con personajes y situaciones extremadamente emocionantes. Los derviches danzantes, los adoradores del diablo, la secta de los Asesinos, se mueven en torno a los diversos ejércitos que guerrean en la zona. Capturado por los bolcheviques, se salva de ser fusilado telefoneando a Joseph Stalin (a quien llama familiarmente José). Entre los viejos conocidos aparecen Venexiana Stevenson, histórica enemiga que aquí tiene un papel ambiguo y secundario, y Rasputín, que acaba de escapar de la temida prisión llamada «La casa dorada de Samarkanda» (que da precisamente título al relato). Timur Chevket, revolucionario turco idéntico a Corto Maltés, ofrece a Pratt la oportunidad de abordar el tema de la doble personalidad. Corto trata de evitarlo a toda costa, recordando las advertencias recibidas de su madre, que siempre le había alertado sobre su encuentro con su propio doble, como presagio de futuras desgracias. En fin, Corto y Rasputín son testigos del final de Enver Bay (o Enver Pachá), el general turco que a lomos de su caballo blanco Derviche, con el sable en alto, se lanza al galope hacia las ametralladoras soviéticas.