In un cielo lontano (1993)

Textos y dibujos de Hugo Pratt

(colaboración gráfica de Guido Fuga para el coche, el vehículo blindado y todos los aviones)

Relato autónomo compuesto de 73 planchas publicado en el volumen de lujo en tapa dura In un cielo lontano (En un cielo lejano) en febrero de 1993, Peruzzi Editore. La obra fue un encargo de la Aeronáutica Militar Italiana por el aniversario de sus 70 años de actividad.

La historia comienza en la isla de Rodas, en los días inmediatamente anteriores a la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial (10 de junio de 1940), donde algunos oficiales italianos y británicos —todavía amigos— se reúnen para un baile ofrecido por el gobernador de la isla durante una concentración aérea. Pero la escena se traslada rápidamente al este de África, donde la Fuerza Aérea Italiana combate contra ingleses y sudafricanos en una desigual batalla en los cielos. Los protagonistas de la historia son los hermanos Luca y Pietro Bronzi, pilotos de combate, rivales en amores y amigos del capitán Melrose de la RAF (Royal Air Force), convertido en adversario tras el estallido del conflicto. La descripción de las batallas aéreas es ágil y convincente, y de las páginas parece casi desbordar el estruendo de los aviones: trimotores S.79 y cazas Fiat CR-32 (lento, pero muy elegante, como dice el jefe de escuadrilla Pietro Bronzi) y los más modernos CR.42 por parte de los italianos, que intentan estar a la altura de los Blenheim y Gladiator británicos, pero que nada pueden hacer cuando entran en escena los Hurricane, más rápidos y mejor armados. En uno de los últimos duelos aéreos, el capitán Melrose derriba el CR-32 de Pietro Bronzi, y se entera del nombre del piloto solo tras haber aterrizado, acción por la cual se le impone la cruz al valor. Melrose sube en una camioneta y se dirige al lugar en el que los británicos han enterrado el cuerpo de su amigo, señalado con una simple cruz de madera. Cerca de allí, acribillado de impactos, está su avión. El piloto británico se quita del pecho la condecoración y la introduce en uno de los muchos orificios producidos por la metralla en el fuselaje del viejo CR. 32, lento pero muy elegante, como decía su amigo.